La verdura de temporada que en febrero siempre está en el caldo y nunca en la foto
Productos de temporada
El puerro lleva décadas sosteniendo la cocina de invierno desde un discreto segundo plano
Si hay algo a lo que me he aficionado este invierno es a preparar puerros al horno. Un poco de sal, pimienta y aceite de oliva virgen extra son suficientes para tener una cena lista en minutos y deliciosa. Sirven como plato único o guarnición y te resuelven en un momento una comida.
He probado alguna versión con salsa de yogur pero, personalmente, me quedo con el puerro en toda su esencia, con sus jugos y ese toque dulce que lo ha convertido en mi plato favorito cuando quiero cenar ligero sin renunciar al sabor.
Cuando el puerro deja de ser solo 'para el caldo'
Cocinar puerros así me ha hecho pensar en lo poco que solemos mirarlos. Durante años han pasado por mi cocina casi sin darme cuenta: entraban en la olla para un caldo, se colaban en una crema o arrancaban un sofrito. Cumplían muy bien su función y desaparecían entre la patata y la verdura.
Al sacarlos del caldo y darles protagonismo, ha cambiado la percepción que tenía de esta verdura. El puerro asado se dora, concentra su dulzor y deja de ser un ingrediente secundario. Puro manjar.
Como también lo es la receta de puerros asados y gratinados con ibéricos, donde el puerro se convierte en protagonista de un plato más contudente perfecto para una comida de fin de semana.
Cocidos, al vapor y bien aliñados: la versión más sencilla
No todo pasa por encender el horno. Cocer los puerros con cuidado o, incluso, hacerlos al vapor y elegir un buen aliño que realce su sabor es también una de las formas más honestas de comerlos. Platos como los puerros al vapor o los puerros cocidos solo piden elegir un buen producto, el punto de justo de cocción y poco más.
En este registro, es cuando el puerro muestra su lado más limpio y vegetal, y nos enseña su versatilidad, esa capacidad para adaptarse a distintos usos en la cocina sin perder sentido ni sabor.
Cuando el puerro se vuelve un poco más contundente
También admite lecturas más tradicionales, de esas que remiten a la cocina de siempre. Los puerros con jamón rebozados son un buen ejemplo de cómo una verdura humilde puede convertirse en algo más festivo sin perder su esencia.
Y si nos apetece jugar un poco más con recetas de otras cocinas, como la italiana, el puerro también aguanta reinterpretaciones inesperadas, como los puerros a la carbonara, donde sustituye a la pasta sin que el plato pierda gracia. Es una manera simple de entender su textura y su capacidad para absorber sabores.
Cremas que saben realmente a puerro
En invierno también vuelvo una y otra vez a las cremas. No hay nada que me resulte más reconfortante después de un día largo que llegar a casa y tomar una crema caliente. Desde la clásica crema de calabaza a la crema de calabacín con queso salteado. Y ahora también he incorporado la crema de puerros como plato fundamental que no puede faltar en mi menú semanal, es en estas recetas donde el sabor del puerro no se diluye, sino que se refuerza.
La verdura que siempre vuelve
En febrero, cuando todavía no pensamos en platos fríos ni en ensaladas, casi sin darnos cuenta el puerro ocupa un sitio especial. Lo vemos en la frutería con sus largas hojas verdes que podemos aprovechar también para caldos, cremas o guisos largos donde aporta un sabor más intenso y cumple la misma función que el resto del puerro: sostener el plato sin reclamar atención. Usarlo entero es casi una forma de entender la cocina de invierno, esa que se hace sin prisas, con sentido común y sin tirar nada.
Sigue siendo la verdura que siempre está en el caldo y nunca en la foto. Aunque, después de este invierno, cada vez tengo más claro que no hay ningún motivo para que siga siendo el actor secundario de la temporada.