Sabor clásico
Patatas bravas, receta de Joseba Arguiñano
Un aperitivo clásico que siempre apetece compartir
Las patatas bravas no necesitan presentación: son tapa de bar, mesa compartida y salsa que pide pan. Un plato sencillo en apariencia que solo funciona de verdad cuando la salsa está bien hecha. Aquí, Joseba Arguiñano prepara una salsa brava casera de las que se recuerdan, con cebolla bien pochada, pimentón y caldo, trabajada con calma hasta quedar cremosa, ligada y con ese punto picante que despierta el plato.
Las patatas blancas de Lidl funcionan especialmente bien en esta receta: se fríen de forma uniforme, quedan doradas por fuera y tiernas por dentro, y aguantan la salsa sin perder textura. El resultado es una brava honesta y muy disfrutable, perfecta para un aperitivo largo, una comida informal o una cena de picoteo improvisada.
Índice de contenidos
Ingredientes
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2 patatas
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1 cebolla
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½ cucharada de pimentón dulce
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1 cucharada de pimentón picante
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2 cucharadas de harina
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250 mililitros de caldo de pollo
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aceite de oliva virgen extra
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sal al gusto
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perejil fresco picado
Raciones
4
Coste
Bajo
Dificultad
Fácil
Preparación
10 m
Cocinado
25 m
Tiempo total
35 m
Alérgenos
Gluten
Paso a paso
Corta las patatas
Pela las patatas blancas de Lidl y córtalas en trozos irregulares, de tamaño bocado. Este corte ayuda a que queden crujientes por fuera y tiernas por dentro.
Fríe las patatas y pocha la cebolla
Mientras fríes las patatas en abundante aceite de oliva, a fuego medio, hasta que estén doradas y tiernas por dentro, aprovecha otro fuego para pochar la cebolla. Pícala muy fina y cocínala lentamente con unas cucharadas de aceite, removiendo, hasta que quede blanda y transparente, sin que llegue a coger color.
Añade el pimentón y la harina
Con la cebolla ya bien pochada y a fuego suave, incorpora el pimentón dulce y el pimentón picante. Remueve de inmediato para que no se quemen y añade la harina. Mezcla bien durante uno o dos minutos, hasta que se ligue con el aceite y la cebolla, formando una base espesa que dará cuerpo a la salsa.
Incorpora el caldo y liga la salsa
Vierte el caldo de pollo poco a poco sobre la mezcla de cebolla, pimentón y harina, removiendo sin parar para evitar grumos. Cocina la salsa a fuego medio durante unos 10 minutos, hasta que espese y pierda el sabor a harina cruda, quedando bien ligada y con una textura untuosa.
Tritura la salsa
Pasa la salsa por la batidora hasta que quede fina y homogénea. Llévala de nuevo al fuego y deja que hierva suavemente para que quede perfecta.
Escurre las patatas fritas
Cuando estén doradas y crujientes, saca las patatas del aceite y colócalas sobre papel absorbente de cocina. Déjalas reposar unos segundos para eliminar el exceso de grasa y, a continuación, sálalas ligeramente mientras aún están calientes.
Monta y sirve
Coloca las patatas en una fuente y cúbrelas parcialmente con la salsa brava, sin taparlas del todo. Decora con perejil picado y sirve bien calientes, con más salsa aparte.
Consejos y trucos
Chasca las patatas al cortarlas: empieza el corte con el cuchillo y termina rompiendo el trozo con un giro. Así quedan bordes irregulares, se doran mejor y retienen más salsa.
Si prefieres una salsa menos picante, reduce la cantidad de pimentón picante o sustitúyelo por dulce.
Puedes preparar la salsa con antelación y recalentarla suavemente antes de servir.
Acompaña las patatas con un alioli suave si quieres una versión más clásica de bar.
Preguntas y respuestas
¿Qué tipo de patata es mejor para unas patatas bravas?
Las patatas blancas, como las de Lidl, funcionan muy bien porque se fríen de forma uniforme y mantienen una buena textura interior.
¿Se pueden cocer las patatas antes de freírlas?
Es una opción, pero no es necesario si se controla bien el tiempo y la temperatura del aceite.
¿Con qué acompañar las patatas bravas?
Funcionan muy bien como aperitivo junto a otras tapas clásicas como croquetas caseras, boquerones en vinagre, calamares a la romana, ensaladilla rusa o una tabla sencilla de embutidos y quesos.