Dulces de Carnaval y Semana Santa en la sartén: buñuelos, pestiños, torrijas y 20 clásicos más
Frutas de sartén
Un mapa goloso por las frutas de sartén más populares para repetir en el desayuno, el postre o la merienda
El recetario español es tan amplio que, cuando hablamos de postres, no se queda corto. Cada fecha tiene sus clásicos y, cuando llega el momento, empiezan a asomarse en las vitrinas de panaderías y confiterías… o directamente en casa. En estas fechas, cobran protagonismo los dulces de Semana Santa y Carnaval que se hacen en sartén.
Son rebozados dorados y fritos recién hechos, con aromas de canela y cítricos (limón y naranja), un toque de anís y el final de miel, azúcar o azúcar glas. Van desde las torrijas hasta los pestiños o las rosquillas. Aquí tienes una selección para poner en práctica estos pequeños placeres de sartén.
¿Por qué a estos dulces fritos de Carnaval y Semana Santa se les conoce como fruta de sartén?
Antes de adentrarnos en estos dulces, conviene aclarar por qué se preparan así y desde cuándo. También se conocen como frutos o frutas de sartén. Son masas que se fríen en aceite caliente, sin que llegue a humear, para que no absorban grasa.
En muchos casos, se terminan con miel, azúcar o azúcar glas (o con un almíbar ligero). A veces, además, se rellenan de nata, crema pastelera, chocolate o cabello de ángel. Se toman como postre, pero también van de maravilla en el desayuno o la merienda.
Se trata de una técnica de repostería con raíces en la gastronomía andalusí. El nombre aparece ya en los primeros manuales de repostería de la Edad Media. También eran habituales en la Pascua judía.
En El Quijote ya se menciona este tipo de bocado, que también tentaba a Sancho Panza:
'Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba y de todo se aficionaba. Primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quien él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la voluntad los zaques, y últimamente las frutas en sartén, si es que se podían llamar sartenes las tan orondas calderas'.
Hoy se cocinan sobre todo coincidiendo con festividades como la Semana Santa, el Carnaval, la Navidad o el Día de Todos los Santos. Y casi siempre con el mismo ritual: una masa que reposa, piezas pequeñas y el final sobre papel absorbente.
En España tenemos decenas de ejemplos: torrijas, buñuelos, rosquillas, flores. Y como cada maestrillo tiene su librillo, cada casa y cada región las hace a su manera. Algunas incluso cambian de nombre según el lugar. Sea como sea, siguen siendo un reclamo popular en toda la geografía.
Esponjosos para desayunar o merendar
Buñuelos
Los buñuelos de viento son de las frutas de sartén más populares y con más historia. Los romanos ya daban buena cuenta de estas bolitas de masa fritas, mientras que los árabes, en su paso por la península, empezaron a vender de forma ambulante estos bocados dulces, a menudo recubiertos de miel.
Son ligeros por dentro y dorados por fuera. Son puro vicio, tanto que desaparecen antes de que el café se enfríe. Si te salen huecos y nada aceitosos, es buena señal: el aceite estaba en su punto. También se conocen como buñuelos de Cuaresma. Y, si te apetece, puedes aromatizarlos y hacer buñuelos con canela.
Buñuelos de calabaza
Los buñuelos de calabaza son populares en Valencia. Son más otoñales, porque aparecen en el Día de Todos los Santos. Después también se dejan ver en Navidad, Semana Santa o durante las Fallas.
Su forma es distinta a la de los buñuelos más comunes. No son una bolita, sino una pequeña rosca. Algo parecido a un mini dónut de calabaza, tierno y jugoso. Con azúcar y canela quedan especialmente redondos.
Filloas gallegas
Las filloas gallegas son una especie de crepe, pero suelen quedar más finas. Se hacen vuelta y vuelta y van de maravilla con miel, azúcar, nata o una crema suave. Si te apetece una opción más ligera dentro del ‘universo sartén’, esta es una apuesta segura para el desayuno o la merienda.
Frixuelos asturianos
Los frixuelos también se parecen a las crepes francesas, pero tienen un toque rústico y casero que los hace únicos. A diferencia de las filloas, los frixuelos suelen ser dulces y se asocian mucho a la celebración de Antroxu, el Carnaval asturiano, aunque también pueden encontrarse en otras épocas del año.
La masa de los frixuelos es algo más espesa; se cocinan en una sartén bien caliente y, al servirlos, se espolvorean con azúcar.
Tortillas canarias de Carnaval
Las tortillas de Carnaval son un dulce tradicional de Gran Canaria que se encuentra en las islas cuando se celebra el Carnaval.
Esta fruta de sartén se parece a las tortitas, pero aquí van fritas. Tienen un sabor a medio camino entre la torrija y la tortita.
Rosquillas fritas de sartén (clásicas)
Las rosquillas de anís son sencillas, resultonas y muy repetibles. Una masa aromática con una fritura rápida. Si buscas un dulce para hacer en cantidad, este es un buen punto de partida.
Además, hay una gran variedad de versiones: rosquillas caseras y esponjosas, roscas de anís (más grandes), rosquillas de anís de Joseba Arguiñano, rosquillas de la abuela o rosquillas de naranja.
Crujientes de los que suenan al morder
Flores fritas
Las flores fritas o floretas, según la zona (sobre todo en Castilla-La Mancha y Castilla y León), son dulces típicos del centro de la península. Se preparan a menudo en Carnaval con ayuda de un molde, que les da esa forma tan vistosa. Se sirven recubiertas de azúcar o bañadas en miel.
Crujen como un caramelo y quedan preciosas sin esfuerzo extra. La masa hace el trabajo y el molde pone la forma. Esa es la dinámica, y es un espectáculo ver a alguien hacerlas. En casa, además, son de las que se sacan a la mesa y, de repente, aparece público.
Orejas de Carnaval
Mientras que en las Castillas son populares las flores, en Galicia el dulce por excelencia durante el Entroido (el Carnaval gallego) son las orejas u orellas, fruta de sartén que aparece en los escaparates de las confiterías en esas fechas.
Se elaboran con harina, mantequilla, licor de anís o aguardiente, huevo, ralladura de cítricos y azúcar glas, y con un reposo de la masa que marca la diferencia.
Son finísimas y crujientes, con azúcar glas como nieve fina. El truco está en estirar sin miedo y freír rápido. Y, cuando salen bien, es imposible comer solo una.
Hojuelas
Las hojuelas son típicas de Castilla y León, más concretamente de Valladolid. Son láminas finas y doradas, con azúcar o miel por encima. Quedan crujientes y ligeras, de las que apetece picar con un café al lado.
Sopaipas
Las sopaipas cordobesas son un dulce frito fino que se consume mucho por Carnaval y se consideran ‘postres de sartén’. Una vez fritas, se pueden servir con azúcar, canela o miel, y también con chocolate caliente para mojar. Adoptan diferentes formas según la zona y son realmente fáciles de preparar.
Churros caseros
Los churros caseros ya casi se salen del mapa de Carnaval y Semana Santa porque están en todas partes: ferias, inviernos, fiestas del pueblo…
Sirven para desayunar, merendar o ‘solo por probar’ y acaban siendo cena. Bien hechos quedan crujientes por fuera y tiernos por dentro. Incluso se pueden preparar churros de patata.
Con miel, sésamo y perfume de anís
Pestiños con miel
Los pestiños son un dulce tradicional andaluz que evoca reuniones familiares de Navidad y Semana Santa. También son populares en Extremadura y Castilla-La Mancha.
Son pequeños, aromáticos y brillantes, con ese baño de miel que los vuelve casi adictivos. Si la miel está templada, se adhiere mejor y no empapa. Además, son de los que mejor van para hacer y compartir en familia, porque aguantan bien y suelen gustar a todo el mundo.
Crespillos con miel
Los crespillos con miel son una joya aragonesa. Son hojas de borraja rebozadas en una masa dulce. Se fríen en aceite caliente y se cubren con miel. Un crujiente distinto hecho con una verdura de invierno muy nutritiva, que se aprovecha igual para un guiso de borrajas con patatas que para un bocado dulce.
Pan, leche y canela
Torrijas clásicas (leche)
Las torrijas caseras son de toda la vida: jugosas, aromáticas y con el rebozado justo para que queden doradas sin empaparse de aceite. Si tienes pan del día anterior (o pan especial para torrijas, con miga más densa), esta es la manera más bonita -y más rica- de aprovecharlo.
Torrijas borrachas con helado
Si quieres otro tipo de torrijas, prueba estas torrijas borrachas con helado. Son más intensas. El vino aporta carácter sin robarle protagonismo a la canela y a los cítricos.
Torrijas al horno o torrijas en freidora de aire
Para quien quiere el sabor de siempre con menos fritura, sin renunciar a la textura jugosa. Estas opciones de torrijas al horno o torrijas en freidora de aire son una buena alternativa si buscas reducir la fritura manteniendo el interior jugoso.
Torrijas de chocolate
Las torrijas de chocolate son otra apuesta segura para salir de las clásicas si te gusta el cacao. Quedan bien y son fáciles de hacer.
Torrijas de horchata
Las torrijas de horchata son una forma diferente de preparar las torrijas de siempre. También son una buena idea para comprobar que el pan se puede empapar con otras bebidas. En este caso, con horchata de chufa. Aporta ese punto de canela y cítricos que siempre suma.
Si te gustan, puedes elegir entre varios panes para torrijas. Va muy bien el pan especial de panadería. O el del día anterior, porque aguanta el empapado y no se rompe. Y, si prefieres una miga más tierna, prueba con torrijas de brioche.
Leche frita
La leche frita es un clásico que siempre parece más difícil de lo que es. Tengas o no destreza en la cocina, el resultado puede quedar de pastelería de barrio: por fuera crujiente y por dentro cremoso.
El rebozado (huevo y harina) es clave para que quede dorada sin abrirse. También puedes probar una leche frita de café.
Otra versión en la misma línea es la horchata frita con helado de yogur. La preparación es similar y, si buscas un sabor con guiño valenciano, merece un hueco.
Ya lo dice el refranero popular: en gustos y colores… no hay receta mejor que otra. Lo cierto es que la gastronomía y, en este caso, la repostería tradicional, como cualquier arte, tiene un importante componente nostálgico. Es probable que tus frutas de sartén favoritas sean las que te recuerdan a casa: a tu abuela cocinando o rechistando porque, cada vez que saca un buñuelo, ya hay uno menos en la cuenta.
Eso sí, por mucho que sean una tentación, no conviene olvidar que su aporte calórico es notable. Y tiene sentido porque estos dulces de Semana Santa estaban ligados a tiempos de ayuno.